Contraportada
El llamamiento universal a la santidad no se puede secundar sin un adecuado discernimiento y contando con los instrumentos necesarios para ello. Esta es la finalidad del presente trabajo de Alberto Carreres Esparza, sacerdote de Madrid, que ha compaginado diferentes cargos pastorales con el acompañamiento espiritual y la colaboración con los Contemplativos Seculares, una asociación pública de fieles erigida con el nombre de «Hermandad de Contemplativos en el Mundo».
Del Prologo
Nunca como en la actualidad el mundo ha estado tan saturado de ideas y opiniones que tratan de imponérsenos, condicionando nuestra vida desde todos los ámbitos. Los medios de comunicación y las redes sociales acentúan esa presión, influyendo de tal manera en nuestra mente, en nuestros sentimientos y en nuestra conciencia que resulta muy difícil vivir y actuar con la consciencia, autonomía y libertad que nos constituyen como personas. Paradójicamente, la civilización que más presume de valorar a la persona humana es la más deshumanizada y la que más la despersonaliza.
Este ambiente se ha adueñado de Occidente y, desde ahí, se va generalizando en todo el mundo, afectando también gravemente a la Iglesia, incluyendo no sólo los cristianos de a pie sino los pastores y consagrados. Por esta razón urge recuperar la capacidad de llevar a cabo una adecuada valoración de la realidad para ordenar nuestro comportamiento a los valores esenciales que nos constituyen como personas conscientes y libres. Y, sobre esta base humana esencial, necesitamos desarrollar una auténtica vida «cristiana», caracterizada por la capacidad de aplicar fielmente los valores evangélicos en nuestra vida real; para lo cual precisamos de libertad frente a las presiones externas y del discernimiento que nos aporte luz sobre dichos valores y nos muestre la manera de llevarlos a la práctica de un modo concreto y verdadero.
Aquí es donde entra en juego el «discernimiento evangélico» como trabajo interior que nos permite encontrar las garantías necesarias de que en nuestra vida llevamos a cabo el plan de Dios y no nuestros planes o las modas del momento.